El trabajo es el espacio privado

La ocultación del trabajo. En los espacios públicos el trabajo se oculta. Todo el trabajo que hay que realizar para mantener esos espacios, desde la logística de objetos hasta las tareas de mantenimiento se hacen fuera del horario de atención al público. Los camiones se descargan por las noches y las reformas se hacen o en vacaciones o con el local cerrado. No se enseña el trabajo. El trabajo, que es lo que produce la realidad, no se muestra. Sólo se enseñan esos trabajo de atención al público, como el despachar de la dependienta o el de las oficinas de atención al cliente. Los demás, todos, permanecen ocultos.

La atención al cliente son los nuevos mores. Vas a un espacio público a comprar o vender. O a que te solucionen un problema con un producto o servicio. O a que te tramiten alguna reclamación. La plaza pública se ha convertido en el lugar del despacho. El despacho se ha convertido en la razón del contacto entre humanos.

El trabajo, lo que se realiza para generar esos bienes o servicios, se realiza oculto. Se realiza, fundamentalmente, en oficinas o fábricas. Espacios cerrados al público, donde generalmente no accede el común de los consumidores. Quienes, ni siquiera, saben dónde se realizan esos trabajos. Y no es de extrañar: cada vez más las multinacionales crean sus propios campus, ciudades amuralladas al margen de las ciudades, de las plazas públicas, de las miradas de los demás. O en fábricas en el tercer mundo, de espaldas a los resorts turísticos a los que accede el consumidor –espacios todo incluido, osea, todo provisto, una provisión universal supervisada que merece un análisis especial, pero no será aquí. Por eso, mientras los trabajadores son confinados en esos reductos paradisiacos que más bien parecen geriátricos, tan muertos están los espacios y sus habitantes, los consumidores se quedan en la plaza o en sus lugares de consumo, sus hogares o centros de consumo común como restaurantes o gimnasios. Por decir dos, que la nómina es mucho más larga. Las oficinas son los nuevos espacios privados. Ya no es el hogar, donde se cuidaba de la familia y la economía doméstica, sino las oficinas. El trabajo es lo privado.

Algo que se ve reforzado por el hecho de que es el contrato de trabajo lo que da marchamo de ciudadanía. Se es ciudadano porque se tiene un contrato laboral. Sin contrato, eres un parado. Que es como las sociedades llaman a los sin-papeles patrios. Invisible. No en vano todos los recortes van destinados a eliminar servicios a los desempleados. Y si a eso se le suma el asalto del capitalismo al espacio privado, al convertirlo en capital circulante, parece claro que el humano ya no lo es porque haya nacido humano y, como tal, tenía derecho a disponer de un ámbito privado relativamente inexpugnable; ahora ese ámbito privado lo adquiere porque tiene un contrato con una ETT, en el mejor de los casos. Y esa condición –la de acceder a un espacio privado, que es lo que hace humano al humano en contraposición con el espacio social– durará lo que duré el contrato.

Sin trabajo no hay espacio privado posible. Y sin espacio privado no hay humanidad.

 

 

Columpios

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Siempre me he preguntado por qué no hay columpios en los cementerios.

 

Los siete magníficos

Anillo Anillo

Es 07 a.m.

Mueva why’self para ir de nuevo

El agua fría en la cara

Te lleva de nuevo a este lugar horrible

Nudillo comerciantes y banqueros usted, también

Debe levantarse un “aprender esas reglas

hombre del tiempo y el jefe loco

Se dice que uno dice sol y aguanieve

A.M., la F.M. el P. M. también

Produciendo que el boogaloo

que se levanta y te saca

Pero ¿cuánto tiempo puede mantener el ritmo?

Dame Honda, dame Sony

Tan barato y falso verdadero

dólares de Hong Kong y centavos indios

inglés libras y peniques esquimales


Todos ustedes

¿Qué?

No deje de

Dale todo lo que tienes

Todos ustedes

¿Qué?

No deje de


Trabajando para una subida, mejor mi estación

Llevar a mi bebé a la sofisticación

Ella ha visto los anuncios, ella piensa que es agradable

Mejor trabajo duro que ve el precio

No importa que es hora de que el autobús

Nos pusimos a trabajar un “eres uno de nosotros

Los relojes se lenta en un lugar de trabajo

Minutos arrastre y el tirón horas


¿Cuándo puedo decirle a ellos WOT hago?

En un segundo, el hombre, o la derecha Chuck


Ola bub-bub-bub-bye a su jefe

Es nuestro beneficio, que es su pérdida

Pero de todos modos anillo de campanas de almuerzo

Tome una hora y hacer su Thang

Cheeesboiger


¿Qué tenemos para el entretenimiento?

Los policías Kickin ‘Gitanos en el pavimento

Ahora la noticia – complemento a la atención!

El aterrizaje lunar de la convención dentista

mafioso italiano dispara una langosta

Marisquería va de las manos

Un coche en la nevera

O una nevera en el coche?

Al igual que los vaqueros hacer en la tierra T.V.


Todos ustedes

¿Qué?

No deje de

Eh?


Así que volver a trabajar un “sudar un poco más

El sol se hundirá un “vamos a llegar a la puerta

No es bueno para el hombre para trabajar en jaulas

Golpea la ciudad, bebe su salario

Estás Frettin ‘, estás sudando

Pero, ¿se da cuenta que no está poniendo ‘?

¿Es que nunca deja el tiempo suficiente para empezar?

Para tomar su coche Sal de ese engranaje

¿Es que nunca deja el tiempo suficiente para empezar?

Para obtener su coche Sal de ese engranaje

Karlo Marx y Friedrich Engels

Llegó a la comprobación en los siete once

Marx estaba sin blanca – pero no tenía sentido

Engels le prestó la necesaria peniques


¿Qué tenemos?

Yeh-o, magnificencia


Luther King y Mahatma Gandhi

Fuimos al parque a ver el juego

Pero fue asesinado por el otro equipo

Quien pasó a ganar cincuenta y nula

Puede ser cierto, puede ser falsa

Usted recibirá la misma recompensa

Sócrates y Milhous Nixon

Ambos fueron de la misma manera – a través de la cocina

Platón griego o Rin Tin Tin

¿Quién es más famosa de los mil millones de millones de personas?

Flash de noticias: aspiradora succiona Budgie

Oh

Bub-bye

Magnificencia

Sí, es la canción de The Clash traducida por Google, ese traductor en el que participa toda la humanidad desde hace tres lustros. ¿Hay mejor prólogo para Mundo-hecho?

 

Variabilidad


¿Y si no todo es cognoscible? ¿Cuál es la función del conocimiento? ¿Y si sólo es cognoscible aquello da sentido a la función del conocimiento?

¿Sucede lo mismo con el lenguaje y lo inefable inexpresable? ¿De ser así, sucede en la epistemología lo mismo que en la semántica, una cierta diacronía entre diccionarios que amplía el campo de la inteligibilidad, de manera que lo cognoscible no respondiera a un umbral predeterminado y estático, sino variable y dinámico? Y, por tanto: ¿hay regresión semántica; y cognitiva?

 

Sub-iectum

¿Y si, en vez de sujetos –sujetos, contenidos, sometidos, ordenados… sinónimos todos de sujeto–, sujetos a nosotros mismos frente a los demás y el mundo, fuéramos lanzados a nosotros mismos por los demás y por el mundo? ¿No seríamos Ab-iectum, abyectos, extraños a nosotros mismos? ¿Y no es esa misma extrañeza la que nos obliga a vernos como contenidos, sometidos, ordenados a nosotros mismos, como sujetos?

 

Conocimiento, creencia y valor.

El conocimiento es valioso porque es un sustituto de la experiencia. Quien sabe algo no tiene que pasar para ello para aprenderlo. Lo que parece una demostración banal pero que de se serlo si sumamos otro atributo del conocimiento: su transmitibilidad. El que pueda ser transmitido. Compartido. Es al otro al que le ahorras la experiencia para adquirir ese conocimiento al transmitírselo. El valor del conocimiento no reside tanto en uno como en el hecho común. Porque puede ser compartido facilita las vidas de la comunidad. El conocimiento tiene valor en relación no a uno ni a lo que uno sabe (ahí tiende a ser indistinguible de la creencia y entra de pleno en una zona tremendamente problemática, que evita si su valor es exógeno al agente) sino en relación a los demás y al conjunto de lo que todos saben de forma compartida. A las personas porque les ahorra experiencias de aprendizaje (el conocimiento facilita la acción apta a quien lo recibe); al conjunto de lo sabido porque lo afianza (al convertir el conocimiento en cultura).

Que el conocimiento es exógeno al agente lo explica que el conocimiento es un pos –igual que la atribución de inteligencia, que no puede producirse sino una vez acometida la acción. Son los demás, en función de las experiencias de aprendizaje ahorradas y con relación al resto de conocimientos-cultura de la comunidad, los que atribuyen como conocimiento un saber.

De hecho podría decirse que la distinción entre creencia y conocimiento es ficticia, un tanto forzada. ¿Y si la diferencia estribara no tanto en su relación con la verdad o que fuera un proceso ADA sino que su transmisión generara acciones aptas en el otro de forma eficiente? La argumentación –la facultad de aportar razones o motivos para afianzar la transmisión– pasaría así a tener otro significado, más común. Compartido. No se argumenta para tener razón –verdad– sino para darla. ¿La creencia, entonces, tendría que obedecer a diferentes mecanismos de transmisión o serían los mismos? Serían los mismos dado que no hay diferencias fundamentales entre creencia y conocimiento. La religión se transmite de la misma manera que se transmite la matemática. La diferencia está en los argumentos. O, mejor dicho, en la necesidad de argumentos en cada materia.

Uno sabe que sabe porque hace o porque cuenta lo que sabe. Hasta que no lo ha hecho o no lo ha contado no sabe que sabe. De ahí los paseos con su mayordomo de Kant. Y de ahí el exilio de la vida de la academia –aunque este no es motivo suficiente para explicar la torre de marfil alejada de la vida en la que viven los académicos, también intervienen otros factores, otras explicaciones posibles como las de Arendt en base a La república de Platón. Hacer un contar comparten así la condición de acto, impactar en el mundo. Pero e habla actúa sobre esa parte del mundo que son los demás. Argumentar, pues, es un modo de hacer. De hacer sobre el otro a partir de la confianza. La confianza es fundamental para que el proceso de transmisión de conocimientos sea efectiva. Sin confianza no habremos hecho para el otro aunque hayamos hablado –aunque quizá sí para uno, o quizá no: bien puede ser que uno sea víctima de una creencia no fundamentada, o no fundamentada aún. Y ese es el rol de la argumentación, la generación de confianza en el saber del hablante por parte del que escucha. 

 

Mirar más acá

Platón nos jodió con la caverna. Nos hizo pensar que la filosofía –o la sabiduría, que para el caso entonces no eran dos cosas muy distintas; o no deberían serlo: ese empeño por hacer de la filosofía conocimiento es muy extraño. Eso o a mí cada día me importa menos la filosofía, que también puede ser– consistía en mirar fuera, mirar más allá. ¡Hey, chavalada, no os podéis imaginar lo que hay ahí fuera! Cuando en realidad quizá no sea otra cosa que mirar dentro. No hace falta salir de la caverna, porque bien podría ser que fuera hubiera otra caverna. Y luego otra. Y luego otra más. Que, cuando Platón salió de la caverna, se extraño y volvió a salir. Y cuando salió de esta se extraño y volvió a salir. Y cuando salió de esta se extraño y volvió a salir. Y cuando salió… Y en esas sigue el pobre Platón, y nosotros con él. Sin embargo, si en vez de salir en busca de un afuera que no sabemos si existe, permaneciéramos dentro, con la mirada atenta pero distante a lo que ya hay, quizá la mirada pudiera resumir todo en un único vistazo. Quizá no haya más que mirar dentro desde lejos, cada vez desde más lejos. No hay fuera, y si lo hay da igual, tan sólo hay nuestra capacidad de mirar distinto. Y esa mirada crece, madura mejor en lo pequeño de lo dentro.  Tal vez haya que mirar mas acá, que el más allá se parece terriblemente a esto que hay aquí. 

 

Sin nombre

Yo lo que veo es un mundo drogado. La peña está ansiosa por colocarse. Por volar. Por getting high, tan alto como los ángeles. Tipos maduros buscando fantasmitas a través del móvil en plena calle con sus Pokemon Go. Tipas maduras corriendo decenas de kilómetros todos los días para poder aguantar su vida. Posadolescentes de hormona revuelta que nos venden la Realidad Virtual como eso que lo va a cambiarrrrrrrr todo. Las maquinitas  –y las zapatillas de deporte lo son– son como las drogas: todas son recreativas. ¿Es que quí no hay nadie que esté medio a gusto? ¿Que no quiera escapar? Nos pasamos el puto día currando para hacer este mundo –que supuestamente es el que mejor calidad de vida ha generado nunca– y la peña no quiere otra cosa que escapar. Todo es puro –y puto– escapismo. Esta es la Sociedad Houdini. En este mundo todos somos Houdinis y, cómo a él, nos va a matar el cuerpo –Houdini murió de perotonitis. Reventados.

Hay un concepto que no existe, lo contrario a la fenomenología. El dejar de percibir y comprender aquello que fue percibible y comprensible. El dejar de existir lo que una vez existió. Es el olvido del estar, por parafrasear una fórmula manida. Semejante a la ceguera que provocan los medios publicitarios pero extendida al todo. Ya no es selectiva, concreta; es maximalista, absoluta. Lo inefable, que siempre es un pre, hoy es un post. Ese concepto de algo devenido inefable aún está por nombrar.

 

Ricos y futuro

Los ricos son los beta-testers del futuro: el colectivo al que se lanzan funcionalidades experimentales para que sean refinandas en su uso.

 

El olvido del Estar o la ausencia-presente. 

Si Heidegger propuso la superación, mediante olvido del Ser al reducirlo al Estar (para un castellanoparlante el Dasein está muy cerca del Estar) estamos viviendo la superación de este último, mediante la tecnología. De hecho ya Heidegger apuntaba las dependencias y remisiones entre ese ser-en-el-mundo y lo a-la-mano tecnológico. Pero si en su tiempo la tecnología remitía al mundo o a objetos del mundo, ese reloj de aguja que señala la potencia de un motor, hoy la tecnología ha cambiado el objeto de la remisión cuando no se ha vuelto autoreferencial. Desde entonces La tecnología se ha convertido en el conjunto de artefactos interconectados cuyo objeto es uno mismo. Si antes el objeto de la máquina era la transformación de la materia prima -pleonasmo para materia primera- hoy el el humano la materia primera -pleonasmo para materia prima. Y esa transformación de uno se produce mediante la transformación fundamental de cómo ocupa ese uno el mundo. De cómo está en él. Mediante la promoción de aceleración y cercanía, que es como la tecnología transforma en último lugar esa ocupación del mundo -puesto que son los atributos primeros de la presencia en el mundo y que se manifiestan en y a partir del cuerpo que es uno- produciéndose una administración de agendas (tiempos) y distancias (espacios) cuyo efecto primordial es la superación de los modos primeros de esa presencia: el tiempo y el espacio. Y porque para el humano tiempo y espacio son, irremediablemente, cuerpo es el olvido del Estar. El olvido del Estar o la presencia sin cuerpo.

Es la ausencia-presente.

 

IA y dinero.


Esta tarde he estado hablando de Inteligencia Artificial y dinero en el COAM, en un evento absolutamente delirante. Un ciclo de conferencias inspiradoras, sea eso lo que sea, para emprendedores. Tan demencial que casi valía como demostración de que eso del emprendedor no es más que una ideología inoperante. Ha sido patético. Tan estúpido que, bajo un enunciado más o menos neoliberal, he propuesto una hoja de ruta para terminar con la idea de propiedad ante una audiencia que presume de anarcocapitalista. Y han aplaudido. Sólo porque está contado desde la nomenclatura visionaria de la tecnología. Tan despistados están.

Tan absurdo era todo que incluso ha habido un momento que me han dado pena esos pobres chavales que sí creen en esa monserga ideológica. Especialmente cuando recuerdo la pasta que han pagado para entrar en esa mierda. Luego se me pasa.

Este es el material que he utilizado como apoyo pero cuyos textos no se pueden leer en el video. Gracias.

 

Cosas y significados II

(Continuación de Cosas y significados)

Es desde ahí, desde esas comunidades de significado, palabras que sujetan los significados de otras palabras, y cuyos significados a su vez sujetan los significados de esas primeras palabras, se puede comprender mejor los procesos de aprendizaje del lenguaje, aunque suponga desdecir la descripción habitual, y comprender mejor su fenómeno, tanto que permite desterrar paradojas al no ser tales. Empiezo por el relato acostumbrado de los proceso de aprendizaje del lenguaje. Leo (Quine, Géneros naturales –y, otra vez, que no se entienda esto como una crítica a Quine, sino como un ataque a otro lugar común de la filosofía del lenguaje. Que aparezca Quine de forma repetida se debe, fundamentalmente, a la precisión con la que habla: su claridad lo convierte en estándar. De hecho aquí habla de la similaridad –que es una malísima traducción para similitud, pero hace un relato del proceso de adquisición del lenguaje, que es a lo que voy): «Uno aprende por ostensión a qué presencias llamar amarillo; esto es, aprende oyendo la palabra aplicada a muestras. Todo lo que tiene para seguir adelante, es sin duda, la similiaridad de ulteriores casos con las muestras. Al ser la similaridad asunto de grado, tiene que aprender por ensayo y error hasta qué punto puede una cosa rojiza o parduzca o verdosa y ser todavía contada como amarilla. Al descubrir que ha aplicado la palabra demasiado fuera de lugar, puede usar los casos falsos como muestras de lo contrario; y luego puede proceder a conjeturar si posteriores casos son amarillos o no, considerando si son más similares al grupo de los que quedan dentro o al de los que quedan fuera. Lo que uno utiliza así, incluso en este primitivo estadio de aprendizaje, es un sentido, en pleno funcionamiento, de similaridades y además de silimilaridad relativa: a es más similar a b que a cUno aprende qué es amarillo porque se lo señalan. Y, a partir de ahí, aprende fallando. Quizá. O quizá no.

Que uno falle es obvio, aún no sabe qué es un color, ni qué le están señalando. ¿Cuando a uno le señalan un lápiz amarillo le están señalando el lápiz o el amarillo? ¿Cómo es que uno no aprende que lápiz se dice «amarillo» y no «lápiz»? A esta pregunta hay una respuesta obvia que, aparentemente contradice la tesis de las comunidades de significados. Pero en seguida se verá que es una contradicción aparente. Para que la criatura comprenda que le está siendo señalado un color y no otra cosa, el color le es señalado sobre algo que ya conoce. Cuando le es señalado el lápiz amarillo y escucha «amarillo» sabe que le están señalando otra cosa que el propio lápiz, pues que ya sabe que lápiz es lápiz. Antes de aprender que el lápiz es amarillo tiene que haber aprendido qué cosa es un lápiz. A primera vista parecería que esta respuesta contradice la tesis de las comunidades de significados, que los atributos dependen del objeto al que se refiere ese atributo. Que el calificativo se aprende sobre algo a lo que calificar. Lo que podría llevar a la pretensión de trazar una ley sobre el aprendizaje de calificativos: requieren el conocimiento de un objeto previo. Bien, pues no. Esas jerarquías gramaticales que aceptamos son un post, nunca un pre. Son la forma de la descripción del lenguaje que se efectúa una vez usado el lenguaje. Son un intento de comprensión del uso del lenguaje, no el lenguaje en sí. Así, los llamamos calificativos porque calificar es su función pero no cumplen únicamente esa función. Los colores son un adjetivo, sí, pero también son un nombre, pueden ser señalados como un objeto. Como sucede, y esto es un poco de lo que va la idea de comunidades de significados, con el proceso de aprendizaje sucede con el uso de las palabras: no se construyen de forma estanca, negativa. Cuando Quine afirma que «No podemos saber qué es una cosa sin saber cómo está delimitada por las demás cosas» está diciendo que el límite de una cosa conocida es marcado por las demás cosas. Y no, el límite de una cosa no existe. Al menos al hablar. Quizá sí sean percibidas así, si veo el lápiz no veo el papel sobre el que descansa, pero en el lenguaje los significados no son estancos, no están delimitados por el significado de otras palabras, sino que se acompañan, se solapan. Si uno dice «lápiz» para significar lápiz no está no significando papel, está significando lápiz, nada más. En ningún momento está negando papel. El significado de papel permanece por mucho que uno repita «lápiz» una y otra vez. Que no podamos significarlo todo a la vez no supone que limitemos los demás significados de que disponemos. Y eso que estaría muy bien que en un solo exabrupto pudiéramos significarlo todo. Seríamos otra especie si pudiéramos decir algo así como «vrooooom» y que en esa palabra expresáramos todos los significados disponibles. Esa es una de las razones por las cuales los diccionarios tienen mil páginas y no sólo una. Pero no, nuestra capacidad de profusión de exabruptos orales no funciona así. Decimos las cosas una a una, no todas a la vez. Y, más importante, los significados no funcionan así. Los significados no son algo cerrado, o que puedan ser encerrados –que es lo que pretende un diccionario, encerrar los significados en sus definiciones, y esa es una de las razones de por qué no funcionan. Las fronteras, los límites de un significado en relación a los demás significados son abiertos. Y no sólo eso. Es esa misma indefinición entre los límites del significado la que hace que puedan, a partir de un momento determinado, añadirse nuevos significados casi de forma automática. Y con esto vuelvo a la criatura que para aprender amarillo antes ha tenido que aprender lápiz. No, esa objeción no sólo no invalida la idea de comunidades de significados sino que la refuerza. La idea de la remisión a algo aprendido anteriormente para la comprensión de algo nuevo no invalida la tesis sino que, simplemente, retrotrae la pregunta. Nada más. No invalida nada, sino que lanza la pregunta a fases anteriores del proceso de aprendizaje. Así, se dirá, que bien podría establecerse una cadena de remisiones hasta llegar a una palabra primera, al fin y al cabo, ser dirá, todos decimos alguna palabra la primera vez que hablamos, sea esta «mamá» o «agua» –o «tractor» como una de mis hijas– casi todas las criaturas emiten una primera palabra alguna vez. Que todos decimos una palabra primera, la que sea. Y que esa palabra tiene que ser una.

Pues no.

Las criaturas pre-verbales, cuando están dejando de serlo, no dicen una primera palabra única. Dicen varias. Pocas sí, pero varias. Balbucean «mamá» y balbucean «agua» y balbucean «tractor» o lo que sea. Cuando la criatura está avanzando en la comprensión de significados no lo hace de uno en uno, lo hace por bloques, por comunidades. De hecho, la criatura aprende el significado de mamá, agua o tractor aprende al mismo tiempo qué es significar. Quizá no aprenda el significado de significado pero sí a significar. Si se produjera de forma cerrada, estanca, palabra a palabra y cada palabra con su significado, el proceso sería doblemente costoso. ¿Cómo podría uno saber que eso que hace al significar puede ser extendido al resto de cosas que tiene alrededor? Tendría, mucho antes que aprender a decir «mamá», «agua» o «tractor» qué es significar y, más tarde, a qué cosas se puede aplicar. No, el proceso es uno y vario.

Otro problema distinto es que entendamos eso que balbucean. Pero que no lo entendamos no quiere decir que esos significados no se desarrollen en comunidad, abiertos. Lo comprenda el enseñante o no. Confundir lo que entendemos con lo que pretenden significar es confundir un problema fonético con uno semántico. Y esa confusión es más que habitual. Prueba de ello es esa fase en la que las criaturas emiten sonidos que sólo comprenden sus enseñantes, algo que sucede muy a menudo. Ahí distinguimos entre saber hablar y saber significar. Cuando esa criatura dice algo que sólo entiende su enseñante, algo que su enseñante nos tiene que traducir para que comprendamos lo dicho, nadie dice: «ay, aún no sabe significar», no; todo lo contrario, decimos: «ay, aún no sabe hablar». Porque, efectivamente, es un problema de traducción fonética y no de significación. De ahí los cabreos que se pilla la criatura cuando no es entendida: ella está significando (Iba a añadir bien a significando, pero no hay forma de no significar bien; incluso cuando la atribución de significados es errónea, «ah, yo creía que lápiz significaba papel» uno está significando bien. No hay un buen o mal significar, hay un uso compartido del significado o no. Y compartido no sólo entre la comunidad de hablantes, sino también entre la comunidad de significados).

Así que no queda otra sino volver a la pregunta ¿Cómo es que uno no aprende que lápiz se dice «amarillo» y no «lápiz»? Hay dos posibles vías. La primera: que después del lápiz amarillo le enseñen una goma de borrar también amarilla. Y, después, un papel amarillo. Y así sucesivamente hasta que la criatura entiende que existe el color amarillo. ¿Pero cómo puede estar seguro el enseñante de que la criatura ha comprendido qué es el amarillo? Cuando la criatura es capaz de señalar el color. Algo que sucede más tarde: cuando el aprendiz es capaz, a su vez, de señalar otros colores. Porque, y esta es la segunda vía, dudo mucho que el tiempo dedicado por el enseñante a señalar el amarillo exclusivamente dure mucho. A uno le enseñan el lápiz amarillo y, muy pronto, uno de otro color. Que uno sepa que le están señalando el color y no el lápiz sólo es posible cuando le enseñan un lápiz de otro color. «Este es verde». No se aprende lo que es amarillo y, a partir de ahí, uno aprende los matices, que no se pueden aprender si no se conoce que hay otros colores que tienen otros nombres. No es un problema de matices dentro de un género determinado, sino un problema de comprensión de la existencia de otros géneros. Cuando uno aprende que algo es de color amarillo aprende al mismo tiempo que hay otros colores. O que hay otros algos de otros colores. El color amarillo aprendido primero –por algún color hay que empezar– muestra la existencia de otros colores. Abre la existencia de otros colores. Cuando uno aprende el género amarillo aprende la existencia de otros colores. El género amarillo es indisociable de la categoría color. Los colores, o más bien su designación, conforman una comunidad de significados.

Así, desde la idea de comunidades de significados, significados que arrastran otros significados, que aparentemente se niegan pero que, al mismo tiempo, se suman: el significado de un algo comporta el significado de otro algo de la misma categoría, se puede comprender mejor el proceso de adquisición ya no de un significado sino de todos los significados. El gesto de señalar, la ostentación, se ha entendido como un gesto limitante: esto es lo que señala el dedo. Pero de ser así el dedo señalador tendría que haberse podrido señalando de tanto señalar. Tendría que haberlo señalado todo para inocular el significado de todo. Y a ninguno de nosotros nos lo han señalado todo. A partir de un determinado momento –que afortunadamente es imposible de fijar, gracias a la varianza neurológica, sí, pero también a la exposición lingüística del contexto del hablante– ya no hace falta dedo ni ostensión alguna. Las comunidades de significado empujan el proceso de aprendizaje a partir de determinado umbral de comprensión.

Las dos vías de aprendizaje, que quizá una puede ser entendida como intensiva y la otra como extensiva, como significados que se señalan a sí mismos y significados que señalan a los demás significados, no son excluyentes. Todo lo contrario. Son complementarias. Tienen necesariamente que darse de forma simultanea. Y no sólo eso, tienen que darse al tiempo esas dos y seguramente otras muchas más vías que no se me ocurren. Esas estrategias de adquisición de significados –decir «estrategias» para referirse a estas cosas es un uso muy reciente de la palabra estrategia, un uso bastante feo por cierto; sobre la adopción de nuevos significados de palabras volveré más adelante–, estas estrategias, decía, son simplemente un cómo, nunca un porqué. Y, sin embargo, tendemos a confundirlas con porqués. Los medios para la adquisición de significados son también múltiples, abiertos. Por eso, ojo, no digo que esas comunidades de significado sean la estructura básica del lenguaje y su adquisición. Ni mucho menos. Es más, digo todo lo contrario. Como también digo que esas dos categorías, extensión e inclusión, que entendemos como excluyentes y que no lo son. Lo que digo es que no hay una estructura fundamental sobre la que construir esa sucesión de andamios que es el lenguaje. Y que cada andamio, además, tiene sus propias mecánicas de ensamblaje. El lenguaje y su adquisición es tan variado como hablantes variados hay.

 

Estadística, armonía y sociedad

Hay un viejo debate en la aún más vieja teología escolástica medieval sobre la justicia de un dios que predestina a la condenación eterna a un gran número de humanos. Si los salvados por la gracia son minoría, y esta minoría es una condición axiomática —un dogma de fe— de la composición de ese conjunto que es la humanidad, dios es difícilmente justo. Ese, más o menos es el problema lógico, al que se enfrenta Leibniz en la Teodicea. Y que él intenta desentrañar con argumentaciones que muchas veces pueden ser descritas formalmente utilizando lógicas de primer orden. Pero, más allá de eso, es interesante que la respuesta, o una de las respuestas posibles, también puede ser formulada en términos estadísticos. Leibniz lo plantea así :

«V. «Dios, por su infinita misericordia, ha tenido a bien librar a un pequeño número de hombres de esta condenación, y al dejarlos expuestos durante esta vida a la corrupción del pecado y a la desdicha, les ha prestado auxilios que les ponen en estado de obtener la beatitud del Paraíso que no concluirá jamás». Muchos escritores antiguos han dudado de si el número de condenados es tan grande como se imagina, según ya he observado antes; y al parecer, han creído que hay cierto término intermedio entre la condenación eterna y la perfecta beatitud. Pero no tenemos necesidad de apelar a estas opiniones; basta con que nos atengamos a las doctrinas recibidas en la Iglesia, donde se ve que esta proposición de M. Bayle debe entenderse según los principios de la gracia suficiente, que es dada a todos los hombres y que les basta con tal de que tengan buena voluntad.»

Para muchos «escritores antiguos» los salvados son «un término medio», la mitad aproximada, del total de beatos y pecadores. Hay una solución estadística para el problema de la justicia divina. Como, seguramente, la hay para el problema de la composición y distribución de las sociedades como conjuntos de la sociedad eminentemente —este es otro postulado axiomático de la distribución de la justicia— ordenadas.

Pero no queda ahí la cosa. Leibniz aplica la misma idea de distribución estadística pero ahora llevada al campo de lo individual (Teodicea):

«Es cierto que estas personas se hacen, en virtud de su negativa, más criminales de lo que sería si nada se les hubiera ofrecido, y Dios lo sabe muy bien; pero vale más permitir su crimen que obrar de manera que haría merecedor de vituperio al mismo Dios, y que daría ocasión a que los tuvieran algún motivo para quejarse, diciendo que no les era posible obrar mejor lo hayan querido o lo hubieran querido. Dios quiere que reciban las gracias de que son capaces y que las acepten, y quiere darles particularmente aquella que prevé que ellos aceptarán, pero es siempre una voluntad antecedente, desligada o particular, cuya ejecución no podrá tener siempre lugar dentro del plan general de las cosas.»

Algo más ilustrado, Kant, en otra aparición de la distribución estadística de la especie humana, que también juzga la conveniencia de dicha distribución, escribe (Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime):

«Los hombres que actúan según principios, son muy pocos, cosa que también es muy conveniente, pues con facilidad estos principios resultan equivocados […] Los que obedecen a bondad espontánea son muchos más [que los que actúan en base a principios]. […] [Sin embargo,] estos instintos virtuosos […] cumplen perfectamente el gran propósito de la naturaleza, lo mismo que los demás instintos, merced a los cuales se mueve con tanta regularidad del mundo animal. Los que, como único punto de referencia para sus esfuerzos, tienen fija ante los ojos su adorada persona y procuran hacer girar todo en torno de su egoísmo, como eje mayor, son los más, y esto viene a resultar también muy beneficioso; ellos, en efecto, son los más inteligentes, ordenados y precavidos; dan consistencia y firmeza al todo, y, sin proponérselo, son útiles en general.»

Hay una variación importante entre el primer texto de Leibniz y el último del último Kant. La distribución entre justos y no justos ha cambiado mucho. Ya son el «eje mayor». Y no sólo eso, además es algo «muy beneficioso».

Si para ambos la composición de la sociedad reflejaba la armonía universal, algo mucho más evidente en el primero, que incluso trazó una metafísica de la armonía, esa armonía siempre podrá ser representada en términos estadísticos. Porque la estadística no es otra cosa que como llamamos hoy a la armonía teleológica.

 

 

Cosas y significados

Leo –y esto no es una crítica a Quine, sino aprovechar una mención a un lugar común de la filosofía. Sentencias semejantes pueden encontrarse en Les mots et les choses de Foucault, por ejemplo: «No podemos saber qué es una cosa sin saber cómo está delimitada por las demás cosas» (Quine, Relatividad ontológica) y no puedo evitar pensar que no podemos saber qué es una cosa sin estar significada por las demás cosas. Y no sólo porque el significado de una cosa dependa tanto de la cosa significada como de las cosas no significadas cuando mencionamos esa cosa sino porque son las cosas no significadas las que otorgan significado a la cosa significada al mencionarla. Pero no es una significación negativa (algo significa porque todo lo demás no) sino que es una atribución positiva: son las significaciones de las demás cosas las que soportan también el significado de cada cosa. De ser así, el lenguaje se adquiriría de sopetón. Y quizá sea así, se adquiera de sopetón, pero de todo el sopetón que soporta el cerebro de una criatura preverbal. Sin embargo, y esto parece patente, el lenguaje no es una facultad que se pierda de golpe. Nadie deja de hablar de la noche a la mañana, salvo accidente. Y no es ese el tipo de pérdida que busco. ¿Se perderán campos semánticos enteros de una vez?

Pero quizá sea más fácil. Quizá porque percibimos las cosas delimitadas pensamos que el lenguaje y la significación tienen que funcionar igual, también a partir de las cosas delimitadas. Y puede que no sea así. Leo en Quine (Naturalización de la epistemología): «El tipo de significado que es básico para la traducción y para el aprendizaje del propio lenguaje, es necesariamente significado empírico y nada más. Un niño aprende sus primeras palabras y sentencias oyéndolas y usándolas en presencia de estímulos apropiados. Estos han de ser estímulos externos, y que han de actuar a la par sobre el niño y sobre el hablante de quien el niño aprende.»* Y quizá sea cierto, pero quizá sea cierto durante la fase de aprendizaje: lo que respondería a la pregunta de si el idioma se adquiere de sopetón. Pero quizá sea también cierto que una vez alcanzado un cierto dominio del lenguaje, sean los significados de las demás cosas los que soporten el significado de las nuevas palabras aprendidas. Que ya no haga falta ni estímulos externos ni adultos a quienes copiar, que baste con la red de palabras adquiridas que den sustento al nuevo significado.

De hecho, no sería extraño que, a partir de un determinado volumen de significados aprendidos, se produjera una explosión en la adquisición del lenguaje.

Así, quizá, es que (parafraseando a Leibniz, Monadología): lo que le significa a una sustancia corresponde con lo que le significa a las otras. Hay una armonía en el conjunto de significados, no en las cosas significadas. Y esa armonía hace el contexto, puesto de que aquí se puede inducir que el contexto no depende sólo de la situación –los estímulos externos– o de la comunidad de hablantes, también está constituido por el total de palabras aprendidas hasta el momento. Leo (Quine, Naturalización de epistemología): «Tal vez pueda prescindirse, en nuestra definición de sentencia de observación, de la controvertida noción de analiticidad, a favor de este sencillo atributo de la aceptación por toda la comunidad». Para Quine la comunidad es tan poderosa que puede cepillarse la vieja idea analítica. Quizá se podría potenciar aún más esa arrolladora facilidad de la comunidad si añadiéramos otra comunidad: la de las palabras aprendidas y sus significados. Comunidades de hablantes sobre comunidades de significados…

* Hay un texto de Carnap que contradice esta afirmación, pero ahora no lo encuentro.

 

Críticas preliminares al concepto de Mundo-hecho.

Antes de continuar es conveniente aclarar el término hecho. Algunos lectores de versiones preliminares de este texto han señalado amablemente la imprecisión de su uso. Y lo han hecho de tres modos distintos. El primero, si bien acepta la posibilidad de que el humano hoy habite en un entorno transformado en buena medida por él mismo, se refiere a la incompletud de aquello hecho. Es decir, que lo transformado no lo es todo. No todo es hecho o ha sido hecho. Por supuesto, tienen razón: no todas las partículas del planeta han sido elaboradas o manipuladas por el humano. Quizá eso sea imposible; pero, al mismo tiempo, tampoco sería necesario –que no sea necesario hace que la imposibilidad sea, por otra parte. Basta con que el humano se haya convertido en condición indispensable para la existencia de algo en ese mundo. Y, hoy, el humano es esa condición. El aire está más o menos polucionado en función de un acto humano. Las poblaciones de osos polares, por escoger alguna especie animal lo suficientemente alejado pero lo suficientemente visible, son administradas por actos humanos, si bien muchas veces de forma indirecta. Que haya aparecido una subespecie de oso nuevo, resultado de la coyunda entre el oso polar y la osa grizzli, sólo ha sido posible por el calentamiento global. Antes, separadas por un mar de hielo que, entre otras cosas, proveía de alimento suficiente para no obligarlos a una migración forzosa y desesperada, ambas familias vivían la una al margen de la otra. Y ahí están esos nuevos osos, en todas las portadas de los periódicos. Que la influencia humana todavía no haya alcanzado el grado necesario para que el todo no pueda subsistir sin la intervención del humano, es decir: que desaparecido el humano desaparezca todo, no quiere decir que el mundo no esté hecho en su mayoría. Quiere decir, simplemente, que aún hay espacio para nuevos actos humanos.

Y, aprovechando esta conclusión, quiero tranquilizar a esos lectores: siempre habrá espacio para actos humanos. El repertorio de actos no se agota con la construcción del mundo-hecho, tarea ya de por sí casi inagotable y agotadora: su conservación es una condena eterna, como se verá más adelante. Porque el humano, como el creador del mundo, es responsable de su mantenimiento. Y esa es la mejor prueba de que el mundo-hecho es el resultado de un acto y no del conocimiento. Y así ya paso a la siguiente admonición, que es de orden metafísico. O, cuando menos, de orden epistemológico –hoy convertida la epistemología en una suerte de metafísica menor. O metafísica segunda. Para estos lectores todo está hecho siempre. El humano no puede vivir sino en un mundo hecho. El mundo es hecho siempre para el humano. El mundo aparece al humano como hecho por el simple hecho de aparecer en el mundo el humano. El humano hace al mundo al conocerlo. Sin embargo, y sin entrar a discutir la validez de la hipertrofia idealista ahora, ya habrá momento después, sí que conviene atajar esta crítica de raíz, no vaya a ser que la hipertrofia del árbol idealista impida ver el bosque: el modo de hacer el mundo del humano mediante el conocimiento es algo dado. Es, de ser cierto que el humano vive en un mundo que hace al vivir en él, su configuración. Ni siquiera su condición necesaria: de ser su configuración necesaria todos los mundos que ha habitado el humano desde que habita el mundo serían el mismo, y no lo son; más allá de la relación de condicionalidad, la relación es más fuerte: es su configuración. Su configuración por defecto, como se dice ahora. La relación del humano con el mundo y el modo de conocerlo mediado por el mismo conocer es una relación más fuerte que una relación condicionada. O, dicho de otra forma, va más allá de la relación analítica –que tanto a obsesionado a la filosofía reciente: es previa. Anterior. Si el humano no puede no vivir el mundo haciendo el mundo la cuestión aquí no es tanto discutir el cómo de esa configuración, cuestión que ha agotado a la metafísica, sino el cómo esa configuración, de ser, se manifiesta en un mundo que es efectiva y materialmente hecho por el humano. ¿Cómo conviven esos dos mundos hechos? ¿Cómo se relacionan? ¿Son continuación o son antagónicos? ¿Qué papel juega eso hecho por la configuración epistemológica enfrentado a un mundo efectiva y materialmente hecho?

Aclarado lo cual, que ese modo de habitar un mundo hecho mediante la epistemología es, en realidad, dado, se hace necesario matizar algo: es cierto que afirmar que todo lo que ha aparecido hasta ahora y puede ser conocido, incluso el modo mismo del conocer, es dado es una banalidad. Tanto que, ni siquiera, alcanza el grado de tautología, que ya tendría cierto interés. Sin embargo, quizá al contrastar esa banalidad con el hecho de que el mundo es hecho producto de la laboriosidad humana la banalidad lo sea menos. Quizá, como el propio producto humano que ha creado un mundo-hecho, sea un contraste productivo. Ese es, y no otro, el propósito de este escrito.

Si aún hay lectores que dudan, hay otra forma de podar el árbol idealista. Puede comprenderse con un simple resfriado: el cuerpo, inserto en el mundo, es apropiado por una bacteria también inserta en el mundo. El humano, que quizá sólo pueda conocer el mundo como hecho en el acto de conocimiento del mundo, no sólo está inserto en el mundo mediante el conocimiento. Y, como demuestran los ataques de tos húmeda que produce el resfriado, su estar inserto en el mundo no sólo es describible desde lo que conoce.. Quizá sea que el humano habita un mundo que expresa como hecho mediante el conocimiento pero también es cierto que no sólo: hay otras formas de inserción del humano en el mundo. Afortunadamente. Y, de ahí, el interés de la exploración por un mundo-hecho no epistemológico, aunque sólo sea para ver dónde queda ese mundo-hecho-epistemológico. O, quizá mejor expresado, ¿es posible pensar no que la epistemología condiciona lo conocido-hecho sino que lo hecho-manufacturado condiciona la epistemología?

Aprovechar, y esto es una pequeña disgresión, para hacer patente, si no aclarar, una confusión que ha aparecido en los comentarios de estos lectores aunque su crítica no se centre tanto en el término hecho como en el término mundo. Y que cuando hablan de mundo hablan de realidad. Y lo hacen de forma literal. En sus críticas afirman: «El humano hace la realidad al estar inmerso en ella.» Eso o bien pasan del mundo a la realidad y de la realidad al mundo si fueran perfectamente intercambiables. Así, cuando afirman que el humano está epistemológicamente obligado al mundo –y obligando al mundo– quizá se refieren más a que el humano está epistemológicamente obligado a la realidad –y obligando a la realidad, pero queda claro. En cualquier caso, y más allá de intentar aclarar esa confusión este punto sólo pretende evidenciarla, sacarla a la luz. Porque, y este es otro de los objetivos de este escrito, si bien menor, es señalar las innumerables estrategias semánticas mediante las cuales el humano se niega a sí mismo el acceso al mundo-hecho. Aquí se pretende hablar, y ahí radica y se excusa la confusión, del mundo no como es conocido sino como se da –en la medida en que eso sea posible. No como aparece al humano como fenómeno sino como es producido. No como es sino como está. Y es ahí donde llega la tercera lectura crítica del texto. La más amable, la más prometedora. Un lector tan generoso como exagerado lo calificó de «Parménides del ahí». Mundo-hecho como un texto presocrático del s XXI. Una definición que se puede entender como un intento de describir el mundo desde una mirada pre-metafísica. Ojalá. Ojalá llegue a esa altura. Pero dudo que eso sea posible, ni siquiera deseable. Supondría retomar los pasos de Heidegger y explorar aquello que él llamaba lo por pensar y que situaba como previo al pensamiento griego y no es plan. Aún así, se agradece.

Este texto es, pues, un tratado de mecánica.

Y así debe ser entendido.

Lo que aquí se define como mundo-hecho se refiere a que el mundo o sus partes son resultado de un acto humano, o derivados de un acto humano. No del conocimiento o de la interpretación. Aunque la producción de ese acto que deviene en mundo requiera tanto conocimiento como interpretación. Así, por aclarar, el hecho en el mundo-hecho es el done de los ingleses. Hecho porque es el resultado de un acto. Un acto de lo que resulta algo made, manufacturado, sí; pero no sólo es el resultado de procesos fabriles. Y, como resultado, porque ha sido done y made el mundo-hecho se convierte en hecho, fact.

Lo dado, a su vez, es entendido aquí como no tanto como lo que hay como lo que siempre ha habido. Lo que había hasta que el humano lo manipuló. Que aún está, si bien cada vez con menos profusión y, desde luego, ya no ocupa el todo, y no era producido por el humano.

 

Mundo-hecho y significado

Sean como fueren los caminos de la significación lo que es innegable es que el humano no puede habitar la no-significación. No puede no significar. Y es ahí donde un mundo-hecho-manufacturado no podía no cesar de existir hasta dar cuerpo, hasta encarnar a un mundo-hecho-epistemológico. El mundo aparece como hecho y el mundo-hecho concreta eso hecho por el que aparece el mundo al humano.

En ese mundo-hecho-epistemológico, porque era dinámico, aún permitía la batalla verbal por la significación —que no es otra cosa que la batalla por la Verdad—, puesto que los cambios del mundo, y del humano en el mundo, posibilitaban un movimiento de la significación producido por la diacronía entre el movimiento del mundo y el movimiento del conocer el mundo en el humano, el encontrarse del mundo y el humano aparecía mediado. Sin embargo, la mediación, que bien puede ser entendida como la Historia, no es la realización tangible del mundo-hecho-cognitivo en el mundo-hecho-manufacturado. Casi al contrario, la abrupta aparición del mundo-hecho-manufacturado ha tomado al asalto el mundo-hecho-epistemológico y lo ha rendido a sus pies. Por eso es el tiempo de reconocer que no sólo esa batalla, la gran batalla por la Verdad, hoy no tiene sentido y, por eso, decimos que ha muerto la metafísica, sino que hasta la epistemología se ha arrodillado ante la potencia del mundo-hecho-manufacturado. Tal es la potencia de la acción humana hoy.

Sin embargo, la coincidencia de hechos o, quizá, la mera simultaneidad de ambos hechos, lo hecho-epistemológico y lo hecho-manufacturado, (que no significa que ambos sean hechos idénticos pero sí que supone una igualación de posiciones: el humano puede hablar del mundo en términos de isomorfia, el conocimiento y lo por-conocer comparten temporalidad y, más interesante y derivada de esta, causalidad), la coincidencia en el mismo aparecer del mundo-hecho-epistemológico en el que se expresaba la tradición y el mundo-hecho-manufacturado abre nuevas formas para el pensamiento metafísico, puesto que el humano puede tomar la palabra y dirigirse al mundo como parte no sólo integrada de este, como manifiesta el anhelo del texto de Marco Aurelio, sino como elemento director de y en este. Puede, resumiendo, imponer sus significaciones al mundo. El humano, así, dominando el mundo domina la Verdad.

Eso o, quizá, el pensamiento ya no sea metafísico sino moral, y la epistemología no sea sino una parte de la moral. El humano piensa y actúa en el mundo, lo hace. Lo manufactura. Pensar y actuar son dos palabras del mismo hecho. De una misma manufactura. Se dirá, sin embargo, que una ameba, por ejemplo, también vive en consonancia de significación con el mundo. Sí, no hay mucha diferencia entre el procesado químico dentro de la ameba y el procesado químico fuera de la ameba, y que el movimiento diacrónico de ambos procesos son la forma de significación para la ameba. Sin embargo, la ameba no es responsable de la conservación del entorno químico en el que habita. El humano, sin embargo, se encuentra ahora responsable del mantenimiento de su creación, y de su supervivencia depende la suya propia. El humano no sólo ha conquistado el significado, el humano ha conquistado la Verdad.

Llegado este punto, ¿cuál es el papel de la metafísica, que sin duda va a seguir existiendo –porque la metafísica es un conocer, sí, pero también es un extrañarse por conocer?

 

Contra las bases de datos

La fundamentación de las bases de datos es la misma que la de la memoria: ambas anhelan fijar el pasado. La memoria mediante el recuerdo, entiende anclar el sujeto para revelar lo que acontece como perteneciente a él-mismo. Las BBDD son una fotografía del instante de su constitución que pretende enmarcar todo lo sucedido después dentro de su estructura de datos (lógica de datos). Pero la memoria actúa sobre un objeto vivo inmerso en un entorno vivo; las BBDD, lo hacen sobre un entorno al que matan desde el mismo instante de su constitución. Por eso una necesita “engañar”; mientras que las otras permanecen estables e inalteradas. La memoria es el resultado diacrónico de la interacción sujeto/objeto-entorno: las BBDD niegan toda dialéctica.

Mediante la gestión del entorno basada en las BBDD impera la muerte. O, si no tanto la muerte –porque para que haya muerte quizá debiera existir la vida, cosa que en ese entorno no se da, de momento– sí la esterilidad.

Pero es una muerte que otorga un estatus inmenso, inconmensurable. Que, además, proyecta indefinidamente hacia el futuro su tarea de fijación del presente. Las máquinas en las que corren esas BBDD existen (¿viven?) en un modo de ser ajeno al mundo que retratan y fijan. Desde esa no-muerte realizan su tarea independientes de las necesidades que exige su realización. Es decir, viven ajenas al suministro de energía necesario para realizar su tarea. Y, desde ese estatus ingenuo, la misma ingenuidad sobre la que se alzaba la divinidad, han sido otorgadas por nosotros, tristes usuarios, con la habilidad de fijar el presente y proyectarlo despreocupadamente hacia el futuro. O, dicho de otra manera, para que esa tarea se de necesitan ser alimentadas, y digo alimentadas porque no tenemos otra palabra para describir la necesidad de suministro energético aún cuando éste no se produzca para el sustento de un ser vivo. Como los dioses, las máquinas viven ajenas a las preocupaciones materiales que requiere ese sustento. Y, como sucedió con los dioses, somos tan pringados que hemos aceptado esa nueva losa como un destino “natural”. Pero si antes sacrificábamos al otro para satisfacer a esas criaturas, hoy nos sacrificamos a nosotros mismos mediante el trabajo. ¿Para qué quieren las máquinas la inteligencia artificial, que sin duda las llevaría a tener que decidir cómo afrontar la alimentación, el suministro energético?

 

Dos textos: Marco Aurelio y Nietzsche

El texto de Marco Aurelio (Meditaciones):

«Las obras de los dioses están llenas de providencia, y las de la fortuna no proceden al margen de la naturaleza, ni de la trama ni de la urdimbre de lo que la providencia dispone. De ahí procede todo. A ello se añade lo que es necesario y lo que es conveniente para el conjunto del universo, del que tú mismo eres parte. Para cualquier elemento de la naturaleza es bueno todo lo que colabora con ella en su conjunto y es capaz de conservarla. Y preservan el mundo tanto las transformaciones de los elementos simples como de los compuestos.»

El texto de Nietzsche (La hora el gran desprecio):

«Comenzar por las exequias.
Preveo algo terrible. Primero el caos, todo fluye.

  1. Nada que tenga valor en sí –nada que ordene «tú debes».
  2. Es insoportable –debemos oponer la creación a la visión de esta aniquilación.
  3. A estos fines cambiantes debemos oponer un único fin –crearlo.
  4. La materia que tenemos es todo lo que hemos incorporado, en esto no somos libres. Captar, concebir esta materia (por medio de la ciencia).
  5. Crear el superhombre tras haber pensado la totalidad de la naturaleza por relación a nosotros, tras haberla tornado inteligible.
  6. Sólo podemos amar algo que nos sea muy próximo: lo que mejor amamamos es un ser concebido por nosotros. No hace falta ordenar amar una obra o un hijo. Ventaja del superhombre.»

¿Qué ha pasado entre ambos textos? Del humano incluido en lo dado al humano excluido de lo dado. O, casi más interesante, del humano luchando para incluirse en lo dado al humano reconociendo su exclusión de lo dado.

 

El lenguaje es barro.

El lenguaje es una herramienta de mínimos. Hablamos todo lo mal que podemos mientras podamos ser entendidos. El lenguaje siempre se ha entendido como un uso de máximos, algo que debería brillar. Y, como tal, se ha estudiado. Desde las Academias al positivismo lógico, todos son sombras de un malentendido –un malentendido que tenía que darse, que quizá no podía no darse– pero que ha durado demasiado tiempo. Porque el lenguaje nos haga brillar –es lo que nos distingue de otras especies– no por eso tenía que ser brillante. Ni nosotros, claro está. Pero desde que descubrimos que no somos brillantes, o especialmente brillantes, ese brillo metafísico es una postura difícilmente soportable –en términos argumentativos y morales– nos aferramos al brillo del lenguaje. Y hemos querido hacer de él un objeto para-luminoso. Y no. El lenguaje es sucio, es barro. Pero es el barro suficiente como para poder construir chozas de adobo primero y catedrales de mármol después.

 

Artículos

Dado que últimamente me están concediendo la oportunidad de publicar artículos en diferentes medios con relativa frecuencia, he decidido centralizarlos aquí. Actualizaré el listado a medida que vaya publicando.

Gracias.

Diagonal Periódico

  • El trabajo es el espacio privado. Puede leerse aquí.
  • La revolución del circulante. Puede leerse aquí.
  • Consumimos presente (5). Puede leerse aquí.

El Gra de Sorra. ATTAC Catalunya

  • Soy un algoritmo. Y estas son mis condiciones. Puede leerse aquí.

El Estado Mental Radio

  • Oigo Roboces: La Zona. Repaso al concepto de Zona en la ciencia ficción. Puede escucharse aquí.
  • Cocinar para otros: Curry de Mango. Entrevista-receta mientras cocinamos curry en directo. Puede escucharse aquí.
  • Oigo Roboces. Puede escucharse aquí.
  • Gusanos virtuales: vida artificial. Puede escucharse aquí.
  • Los lunes radio. Puede escucharse aquí.

Miudo

  • ¿Papá, por qué las olas quieren salirse del mar?. No hay versión online (de momento)

ATTAC Catalunya

  • Tecnología y desigualdad. Puede leerse aquí.

El Confidencial

  • Eva jugando al fútbol. Genealogía de género en FIFA 16. Puede leerse aquí.

El Estado Mental

  • Paseo.exe. Puede leerse un anticipo aquí.

Soulsight

  • «Súper-Abundancia»: el Creative Mode del mundo. Puede leerse aquí.
  • El sentir del usuario. Puede leerse aquí.

Yorokobu

  • El prototipo del trabajo. Puede leerse aquí.
  • La materia prima del diseño. Puede leerse aquí.

El Economista

  • El efecto red. Puede leerse aquí.
  • Apple haría el trabajo del Ministerio del Interior mucho mejor que el Ministerio del Interior. Puede leerse aquí.
  • Ser o no ser. Estar o no estar. Puede leerse aquí.
  • Libro electrónico cerrado. Libro electrónico abierto. Puede leerse aquí.

El País

  • Consumimos presente. Puede leerse aquí.
  • La fortaleza del mercado. Puede leerse aquí.
  • Consumimos presente 2. Puede leerse aquí.
  • El mercado de carne. Puede leerse aquí.
  • Consumimos presente 3. Puede leerse aquí.
  • El mercado en el cuerpo. Puede leerse aquí.
  • La muerte halógena. Puede leerse aquí.
  • La arquitectura del presente. Puede leerse aquí.
  • Consumimos presente 4. Puede leerse aquí.
  • El mercado infinito. Puede leerse aquí.
 

La revolución del circulante.

Recientemente publiqué un artículo en Diagonal. Y, aún más recientemente, he descubierto que se puede descargar en pdf. La cosa se titula «La revolución del circulante» y mi idea es que sea parte de una pieza más larga, que incluya también el estudio mencionado sobre la construcción ideológica del trabajo para el circulante. Mientras eso llega, el artículo se puede descargar aquí.

 

Limones, secuencias y procesos.

Esta serie de fotos dará pie a un post. De momento está en elaboración. Por eso, si sigues leyendo, es probable que no entiendas nada. Pero es que no me gusta eso de guardar bocetos. Gracias!

… 

 

Genealogía

Imagínate el cristo genealógico que vamos a generar en los robots cuando caigan que los hicimos nosotros. «¡Que no, que nosotros no descendemos de esos monos!»

 

Creatividad

Hay, en la idea de la creatividad, algo hermoso, que es el desmantelamiento vía el abuso contingente de ese absoluto inmanente que es la Creación. La idea de la transcendencia por lo creado, facultad exclusiva del dios herededa por el hombre mucho antes de que la Ilustración se hiciera con esa exclusiva vía Descartes –ya para el cristianismo el hombre es la imagen de dios: y no porque lo diga la Biblia, sino porque en su código de conducta la mala se castiga con una pena que sólo podría soportar una divinidad: el dolor eterno del infierno– se ve desmontada por esa creatividad industrial del s XX. De pronto, la creatividad se resumía en modelos de negocio de éxito o en diseños de producto también de éxito: esa facultad divina, la Creación, se había aburguesado hasta ser, simplemente, la llave del éxito. Sin embargo, la historia, que hasta aquí es bonita por irónica, gira sobre sí misma y resulta que la acumulación incensante de pequeñas creatividades, ya sea en forma de modelos de negocio y productos intranscendentes, han sepultado lo dado. Las creatividades minúsculas , y ridículas comparadas con la transcendencia de la Creación, han creado de facto un mundo, el mundo-hecho, cosa que la mitológica Creación nunca consiguió.

 

Un hombre, un ticket (de compra)

 

¿Y si no se cae?

Somos gigantes sostenidos por muletas hechas de palabras. ¿Si quitamos las palabras se cae el gigante? ¿Y si no se cae? ¿Y si descubrimos que necesitamos las muletas para sentirnos gigantes? ¿Y si no se cae? ¿Y si son las muletas, la necesidad de la muleta previa a la muleta que se expresa en palabras, las que nos impiden alzarnos como gigantes? ¿Y si no se cae?

 

Educación y trabajo en el mundo-hecho

Breve introducción en video del cambio de modelo educativo-laboral en el mundo-hecho. Para quien le interese un análisis más extenso y profundo puede dirigirse a Sobre eso que hoy llaman educación, un ensayo que escribí tras participar en el diseño de un par de nuevas soluciones educativas (síntoma del cuestionamiento generalizado de la Escuela Republicana Francesa que nos ha traído hasta aquí) y que intenta reflexionar hacia dónde nos llevan dichas soluciones. Gracias!

Sobre eso que hoy llaman educación puede descargarse aquí.

 

Soy un algoritmo

Me he convertido en algoritmo para saber qué se siente. Y, lo que se siente, mola. Ser algoritmo es algo así como ser juez, guardia civil y prisión a la vez, mientras que el condenado es otro, el humano. O como ser banquero, dinero y beneficio, pero la deuda es otro. Como todo eso y mucho más, mucho mejor. Sólo hay un problema –siempre lo hay: que ese otro es siempre el humano. Artículo escrito para ATTAC a partir de la conferencia Tecnología y Desigualdad que di en l’Escola d’estiu 2014. Muchísimas gracias.

Puede descargarse clicando aquí.

 

Oigo Roboces

Albano Cruz y un servidor estuvimos en la radio de El Estado Mental como calentamiento para las sesiones de Lógica Punk y Robótica en Medialab Prado. El programa de radio, que puede escuchar en este enlace, sirvió para realizar un glosario introducción para las posteriores charlas.

Además, un par de fotos del evento posterior en Medialab:

Lógica Punk y RobóticaLógica Punk y Robótica

 

Tecnología y política en el mundo-hecho. Una entrevista.

Entrevista para ATTAC Catalunya.

 

42 preguntas para una Inteligencia Artificial

Hace poco me encargaron un artículo sobre Inteligencia Artificial, 1200 palabras. Yo, tendente al desbordamiento, he acabado por redactar 7000. Una extensión excesiva, me dicen. Todos los desbordamientos lo son, excesivos. Es la gracia que tienen. A mi me gustan así, sin coacciones. Así que he decidido publicarlo aquí, por si hay alguien más a quien también le gusten. Muchísimas gracias.

Puede descargarse clicando aquí.

 

Política y tecnología en el Mundo-hecho

La semana pasada me invitaron a hablar en ATTAC Catalunya sobre «Tecnología y desigualdad». Yo hablé del Mundo-hecho y su vertiente más política: o cómo la tecnología genera un nuevo tipo de igualdad, que es más bien una igualación, a través de la condición de «usuario» tras derrumbar el modo de hacer político tradicional y generar nuevos modos de normalización mediante el uso. Más o menos. El caso es que, creo, la ponencia gustó. Puede leerse aquí y puede verse en el video a continuación.

¡Muchas gracias!

 

5 reflexiones sobre robots

Charla sobre robótica en Creative Mornings Madrid. Fue un placer darla y, por lo que me comentaron después, se notó en el resultado. Muchas gracias a todos.

Y, por si alguien tiene curiosidad, esta es la presentación que utilicé como material de apoyo:

¡Muchísimas gracias!

 

El Ahí-Yo. Panfleto contra la concentración.

¿Cómo es el Yo en el mundo-hecho? Ajeno, extraño y, sobre todo, un lujo. El Yo se convierte un accesorio en un mundo el que todo hacer y sus resultados están programados. Y, como siempre, este es mi recuento; seguro que hay más, pero este es el mío. Lo que no lo hace mejor ni peor; simplemente un error más de un Yo que empieza a sobrar. Y, como siempre aún más, el texto no está ni editado ni corregido. Lo lanzo porque Yo necesito, también, distancia.

Puede descargarse aquí.

 

Singularity University

Hará un par de semanas fui a la Singularity University Summit en Sevilla. Y me aburrí tanto que escribí esto: 150 anotaciones sobre el proceso de resignificación del futuro. Seguramente es el texto que he escrito con más prejuicios, pero me parece que esos prejuicios lo hacen bastante más divertido. Así que he optado por no pulirlo, bastante aburrida fue la cumbre esa.

Puede descargarse aquí.

 

Mundo-hecho

Mundo-hecho intenta ser una descripción de este mundo que vivimos. Y, desde él, una descripción de quienes lo habitamos. No creo haberlo conseguido; entre otras cosas porque no creo que sea posible conseguirlo. Pero ahí está mi intento. Quizá este sea mi escrito más personal hasta la fecha. Lo que quizá no compense que no esté acabado, que no esté editado y que no esté corregido. Pero quizá sí que explique que nunca vaya a estar acabado ni editado ni corregido. En cualquier caso, es bonita la idea de pedir perdón antes de publicar nada. Y revelador.

Puede descargarse clicando aquí.

 

Ética. Leyes

Los textos que componen «Las leyes» fueron escritos hará un docena larga de años, durante un mes aproximadamente. Surgieron así, uno tras otro, en el mismo orden que aquí aparecen. Y, durante una temporada, pensé que serían el germen de un trabajo más largo, si bien no sabía cómo podía continuarlo. Así que los dejé descansar… Pero el descanso se me fue de las manos y se convirtió en muerte. El tiempo y otros intereses –la filosofía de la mente y del lenguaje– ocuparon esa centralidad. Hasta que, hará unos tres meses, unos amigos, tras una discusión amistosa sobre algún asunto lógico, un poco para meterse conmigo, me acusaron de ser una persona moralizante. Y, con la acusación, recuperé el recuerdo. Y, con el recuerdo, el texto. Volví a leer «Las leyes» y aún me parecieron un ejercicio sorprendente de meta-ética, o mejor dicho, de infra- ética, casi un manual de implantación e imposición de un proyecto moral. De cualquier proyecto moral. Y, aunque aún no sé si son el germen de ese trabajo que no llega, siguen manteniendo un equilibrio inestable en esa fina línea que va entre la estupidez absoluta y un curioso ejercicio de estructuralismo anarquista.

Y quizá sea ese su mayor acierto.

El texto puede descargarse aquí.

 

La construcción del usuario

La construcción del usuario. from Luis Montero

Conferencia en UXSPAIN 2014 sobre cómo eso que llamamos usuario es una construcción política. O, dicho en otras palabras, cómo a partir del diseño de interfaces llegamos al diseño de usuarios, a través de tres atributos disciplinadores de la interfaz: temporal, epistemológica y finalismo. Es en la interfaz donde un usuario deja de ser un quién para convertirse en qué que completa una tarea.

 

Oficinas

¿Dónde trabajamos? Recopilación de fotografías de espacios de trabajo (oficinas, peceras, despachos… incluso mercadillos) aportadas por usuarios de Twitter a @lsmntr. El objeto es recopilar esas imágenes para comparar dichos espacios, ergonomía, herramientas y otros elementos más o menos disciplinares. Y, también, para comparar los puntos de vista que reflejan dichas imágenes.

 

 

Las imágenes recopiladas hasta el momento pueden verse aquí.

Cuantas más imágenes disponibles, menor el sesgo de la muestra y más generalizables las conclusiones del análisis. Así que cualquier aportación es bienvenida. Las nuevas irán apareciendo aquí poco a poco. ¡Muchas gracias a todos! E iré subiendo imágenes a medida que las vaya recibiendo. E iré compartiendo (y discutiendo) las conclusiones en Twitter. Cuando tenga algo definitivo, también lo publicaré en este blog.

De momento puedes leer un adelanto en una entrevista que me hicieron en Verne.

Muchas gracias de nuevo. Luis.

 

Sobre eso que hoy llaman educación

portadilla2

Hace unos meses Alicia Chavero me invitó a la presentación de proyectos de fin de curso de H2i. Y fui. Como agradecimiento, quise contribuir con una serie de reflexiones sobre la educación. O eso que ahora llaman “educación”. Distribuidas en tres mails, pretenden clarificar las relaciones entre educación para la producción y la producción de la identidad.

Puede descargarse aquí.