Contra las bases de datos

La fundamentación de las bases de datos es la misma que la de la memoria: ambas anhelan fijar el pasado. La memoria mediante el recuerdo, entiende anclar el sujeto para revelar lo que acontece como perteneciente a él-mismo. Las BBDD son una fotografía del instante de su constitución que pretende enmarcar todo lo sucedido después dentro de su estructura de datos (lógica de datos). Pero la memoria actúa sobre un objeto vivo inmerso en un entorno vivo; las BBDD, lo hacen sobre un entorno al que matan desde el mismo instante de su constitución. Por eso una necesita “engañar”; mientras que las otras permanecen estables e inalteradas. La memoria es el resultado diacrónico de la interacción sujeto/objeto-entorno: las BBDD niegan toda dialéctica.

Mediante la gestión del entorno basada en las BBDD impera la muerte. O, si no tanto la muerte –porque para que haya muerte quizá debiera existir la vida, cosa que en ese entorno no se da, de momento– sí la esterilidad.

Pero es una muerte que otorga un estatus inmenso, inconmensurable. Que, además, proyecta indefinidamente hacia el futuro su tarea de fijación del presente. Las máquinas en las que corren esas BBDD existen (¿viven?) en un modo de ser ajeno al mundo que retratan y fijan. Desde esa no-muerte realizan su tarea independientes de las necesidades que exige su realización. Es decir, viven ajenas al suministro de energía necesario para realizar su tarea. Y, desde ese estatus ingenuo, la misma ingenuidad sobre la que se alzaba la divinidad, han sido otorgadas por nosotros, tristes usuarios, con la habilidad de fijar el presente y proyectarlo despreocupadamente hacia el futuro. O, dicho de otra manera, para que esa tarea se de necesitan ser alimentadas, y digo alimentadas porque no tenemos otra palabra para describir la necesidad de suministro energético aún cuando éste no se produzca para el sustento de un ser vivo. Como los dioses, las máquinas viven ajenas a las preocupaciones materiales que requiere ese sustento. Y, como sucedió con los dioses, somos tan pringados que hemos aceptado esa nueva losa como un destino “natural”. Pero si antes sacrificábamos al otro para satisfacer a esas criaturas, hoy nos sacrificamos a nosotros mismos mediante el trabajo. ¿Para qué quieren las máquinas la inteligencia artificial, que sin duda las llevaría a tener que decidir cómo afrontar la alimentación, el suministro energético?

 

Luis