Cosmogramas, culturgramas y tecnogramas

En relación a la disyuntiva instrumentalismo vs sustancialismo de lo tecnológico (y al diseño) nacida a partir de lo que se llamó el empirical turn de los 70s –cuando la filosofía de la tecnología empezó a aceptar de una forma menos crítica la tecnología, aceptando que estaba aquí para quedarse–, quizá convendría recordar a Platón y su Fedro, donde rechazaba la escritura alegando que acabaría con la memoria. Pero el ataque no era un ataque oral, es un ataque escrito. Escribía para atacar a la escritura. Una vez que Platón decidió empezar a escribir ya nunca pudo dejar de hacerlo –porque lo no tecnológico, precisamente porque deja una huella deleble, se pierde en y para la memoria: por eso no sabemos qué dijo en su Academia–. Y nosotros con él. Por eso, al continuar escribiendo definía un modo de humano, un humano cuya memoria quizá no se viera reemplazada por la escritura, pero sí se vería aumentada. Un humano cuya memoria quedaría para siempre mediada por la escritura. Que hoy aún leamos a Platón lo demuestra.

Las interpretaciones instrumentalista vs sustancialista se han leído hasta ahora contra contrapuestas, como dos formas de entender lo tecnológico (y el diseño), como contradictorios, en realidad conforman un mismo discurso, una dialéctica, que a base de negarse amplían el ámbito de lo definido por ese discurso, que es el todo. Es es la dialéctica que subyace en la dialéctica de la filosofía de la tecnología, que en cada nuevo pensar se cimienta el tecnograma à la Latour y Borgmann como continuación interesada de sus cadenas cosmológicas (que es como denomina Latour a los tres modos de estar en el mundo que Borgmann denominaría Naturaleza, Cultura y Tecnología):

CosmogramaCultugramaTecnograma

sobre el que se construye el mundo al que no puede renunciar, en un proceso semejante al sistema que se expande a base de negarse recursivamente, eso que Hofstadter llamó gödelización. Por eso cuando se supera un estadío, una forma de estar en el mundo, cuando, por ejemplo, se supera el cosmograma para adentrarse en el culturgrama, el cosmograma puede vislumbrarse, pero no se puede volver a ocupar. Queda como recuerdo, pero como los recuerdos es inasible. Y en ese todo estamos nosotros. Ese todo que transformamos no puede serlo sin nuestra propia transformación.

 

Luis

 

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