Creatividad

Hay, en la idea de la creatividad, algo hermoso, que es el desmantelamiento vía el abuso contingente de ese absoluto inmanente que es la Creación. La idea de la transcendencia por lo creado, facultad exclusiva del dios herededa por el hombre mucho antes de que la Ilustración se hiciera con esa exclusiva vía Descartes –ya para el cristianismo el hombre es la imagen de dios: y no porque lo diga la Biblia, sino porque en su código de conducta la mala se castiga con una pena que sólo podría soportar una divinidad: el dolor eterno del infierno– se ve desmontada por esa creatividad industrial del s XX. De pronto, la creatividad se resumía en modelos de negocio de éxito o en diseños de producto también de éxito: esa facultad divina, la Creación, se había aburguesado hasta ser, simplemente, la llave del éxito. Sin embargo, la historia, que hasta aquí es bonita por irónica, gira sobre sí misma y resulta que la acumulación incensante de pequeñas creatividades, ya sea en forma de modelos de negocio y productos intranscendentes, han sepultado lo dado. Las creatividades minúsculas , y ridículas comparadas con la transcendencia de la Creación, han creado de facto un mundo, el mundo-hecho, cosa que la mitológica Creación nunca consiguió.

 

Luis