Críticas preliminares al concepto de Mundo-hecho.

Antes de continuar es conveniente aclarar el término hecho. Algunos lectores de versiones preliminares de este texto han señalado amablemente la imprecisión de su uso. Y lo han hecho de tres modos distintos. El primero, si bien acepta la posibilidad de que el humano hoy habite en un entorno transformado en buena medida por él mismo, se refiere a la incompletud de aquello hecho. Es decir, que lo transformado no lo es todo. No todo es hecho o ha sido hecho. Por supuesto, tienen razón: no todas las partículas del planeta han sido elaboradas o manipuladas por el humano. Quizá eso sea imposible; pero, al mismo tiempo, tampoco sería necesario –que no sea necesario hace que la imposibilidad sea, por otra parte. Basta con que el humano se haya convertido en condición indispensable para la existencia de algo en ese mundo. Y, hoy, el humano es esa condición. El aire está más o menos polucionado en función de un acto humano. Las poblaciones de osos polares, por escoger alguna especie animal lo suficientemente alejado pero lo suficientemente visible, son administradas por actos humanos, si bien muchas veces de forma indirecta. Que haya aparecido una subespecie de oso nuevo, resultado de la coyunda entre el oso polar y la osa grizzli, sólo ha sido posible por el calentamiento global. Antes, separadas por un mar de hielo que, entre otras cosas, proveía de alimento suficiente para no obligarlos a una migración forzosa y desesperada, ambas familias vivían la una al margen de la otra. Y ahí están esos nuevos osos, en todas las portadas de los periódicos. Que la influencia humana todavía no haya alcanzado el grado necesario para que el todo no pueda subsistir sin la intervención del humano, es decir: que desaparecido el humano desaparezca todo, no quiere decir que el mundo no esté hecho en su mayoría. Quiere decir, simplemente, que aún hay espacio para nuevos actos humanos.

Y, aprovechando esta conclusión, quiero tranquilizar a esos lectores: siempre habrá espacio para actos humanos. El repertorio de actos no se agota con la construcción del mundo-hecho, tarea ya de por sí casi inagotable y agotadora: su conservación es una condena eterna, como se verá más adelante. Porque el humano, como el creador del mundo, es responsable de su mantenimiento. Y esa es la mejor prueba de que el mundo-hecho es el resultado de un acto y no del conocimiento. Y así ya paso a la siguiente admonición, que es de orden metafísico. O, cuando menos, de orden epistemológico –hoy convertida la epistemología en una suerte de metafísica menor. O metafísica segunda. Para estos lectores todo está hecho siempre. El humano no puede vivir sino en un mundo hecho. El mundo es hecho siempre para el humano. El mundo aparece al humano como hecho por el simple hecho de aparecer en el mundo el humano. El humano hace al mundo al conocerlo. Sin embargo, y sin entrar a discutir la validez de la hipertrofia idealista ahora, ya habrá momento después, sí que conviene atajar esta crítica de raíz, no vaya a ser que la hipertrofia del árbol idealista impida ver el bosque: el modo de hacer el mundo del humano mediante el conocimiento es algo dado. Es, de ser cierto que el humano vive en un mundo que hace al vivir en él, su configuración. Ni siquiera su condición necesaria: de ser su configuración necesaria todos los mundos que ha habitado el humano desde que habita el mundo serían el mismo, y no lo son; más allá de la relación de condicionalidad, la relación es más fuerte: es su configuración. Su configuración por defecto, como se dice ahora. La relación del humano con el mundo y el modo de conocerlo mediado por el mismo conocer es una relación más fuerte que una relación condicionada. O, dicho de otra forma, va más allá de la relación analítica –que tanto a obsesionado a la filosofía reciente: es previa. Anterior. Si el humano no puede no vivir el mundo haciendo el mundo la cuestión aquí no es tanto discutir el cómo de esa configuración, cuestión que ha agotado a la metafísica, sino el cómo esa configuración, de ser, se manifiesta en un mundo que es efectiva y materialmente hecho por el humano. ¿Cómo conviven esos dos mundos hechos? ¿Cómo se relacionan? ¿Son continuación o son antagónicos? ¿Qué papel juega eso hecho por la configuración epistemológica enfrentado a un mundo efectiva y materialmente hecho?

Aclarado lo cual, que ese modo de habitar un mundo hecho mediante la epistemología es, en realidad, dado, se hace necesario matizar algo: es cierto que afirmar que todo lo que ha aparecido hasta ahora y puede ser conocido, incluso el modo mismo del conocer, es dado es una banalidad. Tanto que, ni siquiera, alcanza el grado de tautología, que ya tendría cierto interés. Sin embargo, quizá al contrastar esa banalidad con el hecho de que el mundo es hecho producto de la laboriosidad humana la banalidad lo sea menos. Quizá, como el propio producto humano que ha creado un mundo-hecho, sea un contraste productivo. Ese es, y no otro, el propósito de este escrito.

Si aún hay lectores que dudan, hay otra forma de podar el árbol idealista. Puede comprenderse con un simple resfriado: el cuerpo, inserto en el mundo, es apropiado por una bacteria también inserta en el mundo. El humano, que quizá sólo pueda conocer el mundo como hecho en el acto de conocimiento del mundo, no sólo está inserto en el mundo mediante el conocimiento. Y, como demuestran los ataques de tos húmeda que produce el resfriado, su estar inserto en el mundo no sólo es describible desde lo que conoce.. Quizá sea que el humano habita un mundo que expresa como hecho mediante el conocimiento pero también es cierto que no sólo: hay otras formas de inserción del humano en el mundo. Afortunadamente. Y, de ahí, el interés de la exploración por un mundo-hecho no epistemológico, aunque sólo sea para ver dónde queda ese mundo-hecho-epistemológico. O, quizá mejor expresado, ¿es posible pensar no que la epistemología condiciona lo conocido-hecho sino que lo hecho-manufacturado condiciona la epistemología?

Aprovechar, y esto es una pequeña disgresión, para hacer patente, si no aclarar, una confusión que ha aparecido en los comentarios de estos lectores aunque su crítica no se centre tanto en el término hecho como en el término mundo. Y que cuando hablan de mundo hablan de realidad. Y lo hacen de forma literal. En sus críticas afirman: «El humano hace la realidad al estar inmerso en ella.» Eso o bien pasan del mundo a la realidad y de la realidad al mundo si fueran perfectamente intercambiables. Así, cuando afirman que el humano está epistemológicamente obligado al mundo –y obligando al mundo– quizá se refieren más a que el humano está epistemológicamente obligado a la realidad –y obligando a la realidad, pero queda claro. En cualquier caso, y más allá de intentar aclarar esa confusión este punto sólo pretende evidenciarla, sacarla a la luz. Porque, y este es otro de los objetivos de este escrito, si bien menor, es señalar las innumerables estrategias semánticas mediante las cuales el humano se niega a sí mismo el acceso al mundo-hecho. Aquí se pretende hablar, y ahí radica y se excusa la confusión, del mundo no como es conocido sino como se da –en la medida en que eso sea posible. No como aparece al humano como fenómeno sino como es producido. No como es sino como está. Y es ahí donde llega la tercera lectura crítica del texto. La más amable, la más prometedora. Un lector tan generoso como exagerado lo calificó de «Parménides del ahí». Mundo-hecho como un texto presocrático del s XXI. Una definición que se puede entender como un intento de describir el mundo desde una mirada pre-metafísica. Ojalá. Ojalá llegue a esa altura. Pero dudo que eso sea posible, ni siquiera deseable. Supondría retomar los pasos de Heidegger y explorar aquello que él llamaba lo por pensar y que situaba como previo al pensamiento griego y no es plan. Aún así, se agradece.

Este texto es, pues, un tratado de mecánica.

Y así debe ser entendido.

Lo que aquí se define como mundo-hecho se refiere a que el mundo o sus partes son resultado de un acto humano, o derivados de un acto humano. No del conocimiento o de la interpretación. Aunque la producción de ese acto que deviene en mundo requiera tanto conocimiento como interpretación. Así, por aclarar, el hecho en el mundo-hecho es el done de los ingleses. Hecho porque es el resultado de un acto. Un acto de lo que resulta algo made, manufacturado, sí; pero no sólo es el resultado de procesos fabriles. Y, como resultado, porque ha sido done y made el mundo-hecho se convierte en hecho, fact.

Lo dado, a su vez, es entendido aquí como no tanto como lo que hay como lo que siempre ha habido. Lo que había hasta que el humano lo manipuló. Que aún está, si bien cada vez con menos profusión y, desde luego, ya no ocupa el todo, y no era producido por el humano.

 

Luis