«¡Ay, que tengo polla!».
El plano secuencia del mundo-hecho (II).

(Continuación de El plano secuencia del mundo-hecho)

El plano secuencia parte de la falsa asunción de que la cognición es un continuo. Y desde ese continuo expresa el efecto de lo hecho en el mundo en términos de fenómeno perceptible. Hace que el efecto sea integrado en la cognición como su contenido habitual. Es así como dadiza –el aparecer de la cosa-hecha como dada– lo hecho. Es así cómo la estética consuma el giro metafísico que supone habitar un mundo-hecho.

Despegue.

El ejemplo extremo de plano secuencia expresando un mundo-hecho radical es el plano secuencia del videojuego, que emula el punto de vista del jugador inmerso en la situación de juego. Es desde esa mirada donde comienza el habitar ese mundo. Esto es, basta esa mirada para comenzar a habitar ese mundo. Para que, mediante ese plano secuencia, lo hecho en su darse como un fenómeno del mundo aparezca como dado y, así, se integre en integre al sujeto de ese mirar en ese mundo.

GTA 5.

Esa naturalización de lo hecho mediante su conversión en fenómeno perceptible por los mismos mecanismos perceptivos dado que nuestra cognición no distingue entre las naturalezas dadas o hechas de un fenómeno –seguramente porque toda percepción es siempre de lo hecho, puesto que siempre es remitida a una representación obligatoria: esto es más o menos lo que afirmaba el idealismo–, esa naturalización de lo hecho es la conversión del efecto en fenómeno. Una conversión que hoy llega a su plenitud en la VR (Virtual Reality), que no es más que la inmersión en un mundo que prometían los videojuegos pero

Hace unos meses tuve la ocasión de vivir una secuencia porno en VR. Una experiencia horrible, más parecida a asistir a una pocilga el día de matanza que a participar en una orgía. La inmersión era tanta que se producía un salto contextual entre la situación que planteaba la secuencia y mi realidad fuera de la gafas. O quizá sólo fueran prejuicios míos ante la pornografía. Porque, sin embargo, la inmersión funcionó cuando una compañera, al probarse las gafas y bajar la cabeza para bajar la mirada, gritó:

–¡Ay, que tengo polla!– y soltó una carcajada.

Afortunadamente no he encontrado un ejemplo de porno en VR, sino un video de un inocuo paseo en una montaña rusa, aunque tampoco lo he buscado mucho, la verdad (el efecto VR puede percibirse si se clica encima del video y se desplaza el cursor: el punto de vista girará como si el espectador girara la cabeza).

Montaña rusa VR.

Esa naturalización de lo hecho es lo que durante los años 70 se llamó espectáculo, término sobre-explotado por el pensamiento francés desde Debord a Baudrillard. Eso que ellos denunciaron como la espectacularización del mundo no era tanto que el mundo producido por el capitalismo de posguerra fuera espectacular sino como la conversión de lo espectacular en fenómeno. No se trataba tanto de que hubiera una verdad del mundo debajo o detrás de ese espectáculo que ocultaba el propio espectáculo, como el Situacionismo se empeñaba en pensar. Y es normal que así sucediera. El asalto de lo hecho a lo dado por medio de la ocupacion la cognición aún no era completo, en aquellos años todavía eran manifiestas las costuras y, desde esas costuras, parecía que aún podía percibirse un mundo real ajeno al espectáculo. Lo que ellos entendían como un entramado político que cabía desbaratar desde la denuncia teórica era en realidad una suplantación fenomenológica del mundo. Por eso hoy ya no es así, la suplantación de lo dado por lo hecho ya se ha completado y no vemos nada detrás del espectáculo porque sólo vemos espectáculo. Que la representación de la VR no fuera perfecta y la inmersión, por tanto, ineficiente no significa que la suplantación fenemonológica no se haya dado, sino que esa otra capa de mundo virtual aún no es perfecta. Pero ya no nos remite a un mundo-roto, por extender la vieja idea de Heidegger del objeto-roto, detrás del cual aparecía un mundo en el que todo no eran útiles-herramienta, sino que nos remite a un mundo que ya es hecho pero que asimilamos como dado. O, de otra forma, que la espectacularización del mundo no es un proceso cerrado que culmine en un momento determinado sino que es un proceso sin fin, que añade nuevas capas superpuestas a las capas ya naturalizadas, cuya superposición impide el acceso a nada que sea real, si es que alguna vez pudimos. El espectáculo, la expresión de los efectos, se ha convertido en el paisaje que habitamos. Un paisaje compuesto además por la superposición sin fin de efectos transmutados en fenómeno. Y que, por eso, no podemos no percibir sino como un plano secuencia.

 

Luis