Etnografía y verdad por consenso.

La etnografía última tiende cada vez más a la utilización de la auto-exploración, una técnica tradicionalmente proscrita, Y, a partir de ese momento, la auto-exploración es tomada como un argumento ad hominem positivo. Si en la falacia ad hominem se atacaba al argumento confundiéndolo con la persona, en esta auto-exploración nueva la persona, su biografía se convierte en el soporte del argumento. En su fundamentación. Esto, que podría entenderse como un ataque a cualquier teoría desarrollada a partir de la identidad, es más bien un síntoma de otra enfermedad, no tanto de la posible falacia ad hominem de la auto-exploración –que es la conclusión a la que llegaría alguien con la mirada estrecha del telescopio–, como de la destitución de criterio de verdad por consenso que cohesionaba el discurso. Una erosión que en buena medida era buscada por las propias teorías de la identidad. Una erosión necesaria, además. Porque bajo la verdad por consenso yacía sepultada la variedad identitaria, necesaria para la eclosión de subjetividades no consensuadas. Y, sobre todo no-consensuales. Ahora bien, ¿es esa una demolición definitiva o un paso necesario pero coyutural para la apertura a nuevos consensos, más amplios? ¿Es necesaria que la sociedad consensúe una verdad para ser considerada sociedad?

 

Luis