Mundo-hecho y significado

Sean como fueren los caminos de la significación lo que es innegable es que el humano no puede habitar la no-significación. No puede no significar. Y es ahí donde un mundo-hecho-manufacturado no podía no cesar de existir hasta dar cuerpo, hasta encarnar a un mundo-hecho-epistemológico. El mundo aparece como hecho y el mundo-hecho concreta eso hecho por el que aparece el mundo al humano.

En ese mundo-hecho-epistemológico, porque era dinámico, aún permitía la batalla verbal por la significación —que no es otra cosa que la batalla por la Verdad—, puesto que los cambios del mundo, y del humano en el mundo, posibilitaban un movimiento de la significación producido por la diacronía entre el movimiento del mundo y el movimiento del conocer el mundo en el humano, el encontrarse del mundo y el humano aparecía mediado. Sin embargo, la mediación, que bien puede ser entendida como la Historia, no es la realización tangible del mundo-hecho-cognitivo en el mundo-hecho-manufacturado. Casi al contrario, la abrupta aparición del mundo-hecho-manufacturado ha tomado al asalto el mundo-hecho-epistemológico y lo ha rendido a sus pies. Por eso es el tiempo de reconocer que no sólo esa batalla, la gran batalla por la Verdad, hoy no tiene sentido y, por eso, decimos que ha muerto la metafísica, sino que hasta la epistemología se ha arrodillado ante la potencia del mundo-hecho-manufacturado. Tal es la potencia de la acción humana hoy.

Sin embargo, la coincidencia de hechos o, quizá, la mera simultaneidad de ambos hechos, lo hecho-epistemológico y lo hecho-manufacturado, (que no significa que ambos sean hechos idénticos pero sí que supone una igualación de posiciones: el humano puede hablar del mundo en términos de isomorfia, el conocimiento y lo por-conocer comparten temporalidad y, más interesante y derivada de esta, causalidad), la coincidencia en el mismo aparecer del mundo-hecho-epistemológico en el que se expresaba la tradición y el mundo-hecho-manufacturado abre nuevas formas para el pensamiento metafísico, puesto que el humano puede tomar la palabra y dirigirse al mundo como parte no sólo integrada de este, como manifiesta el anhelo del texto de Marco Aurelio, sino como elemento director de y en este. Puede, resumiendo, imponer sus significaciones al mundo. El humano, así, dominando el mundo domina la Verdad.

Eso o, quizá, el pensamiento ya no sea metafísico sino moral, y la epistemología no sea sino una parte de la moral. El humano piensa y actúa en el mundo, lo hace. Lo manufactura. Pensar y actuar son dos palabras del mismo hecho. De una misma manufactura. Se dirá, sin embargo, que una ameba, por ejemplo, también vive en consonancia de significación con el mundo. Sí, no hay mucha diferencia entre el procesado químico dentro de la ameba y el procesado químico fuera de la ameba, y que el movimiento diacrónico de ambos procesos son la forma de significación para la ameba. Sin embargo, la ameba no es responsable de la conservación del entorno químico en el que habita. El humano, sin embargo, se encuentra ahora responsable del mantenimiento de su creación, y de su supervivencia depende la suya propia. El humano no sólo ha conquistado el significado, el humano ha conquistado la Verdad.

Llegado este punto, ¿cuál es el papel de la metafísica, que sin duda va a seguir existiendo –porque la metafísica es un conocer, sí, pero también es un extrañarse por conocer?

 

Luis