Sin nombre

Yo lo que veo es un mundo drogado. La peña está ansiosa por colocarse. Por volar. Por getting high, tan alto como los ángeles. Tipos maduros buscando fantasmitas a través del móvil en plena calle con sus Pokemon Go. Tipas maduras corriendo decenas de kilómetros todos los días para poder aguantar su vida. Posadolescentes de hormona revuelta que nos venden la Realidad Virtual como eso que lo va a cambiarrrrrrrr todo. Las maquinitas  –y las zapatillas de deporte lo son– son como las drogas: todas son recreativas. ¿Es que quí no hay nadie que esté medio a gusto? ¿Que no quiera escapar? Nos pasamos el puto día currando para hacer este mundo –que supuestamente es el que mejor calidad de vida ha generado nunca– y la peña no quiere otra cosa que escapar. Todo es puro –y puto– escapismo. Esta es la Sociedad Houdini. En este mundo todos somos Houdinis y, cómo a él, nos va a matar el cuerpo –Houdini murió de perotonitis. Reventados.

Hay un concepto que no existe, lo contrario a la fenomenología. El dejar de percibir y comprender aquello que fue percibible y comprensible. El dejar de existir lo que una vez existió. Es el olvido del estar, por parafrasear una fórmula manida. Semejante a la ceguera que provocan los medios publicitarios pero extendida al todo. Ya no es selectiva, concreta; es maximalista, absoluta. Lo inefable, que siempre es un pre, hoy es un post. Ese concepto de algo devenido inefable aún está por nombrar.

 

Luis